En un movimiento sin precedentes en la política contemporánea de Estados Unidos, Marco Rubio, exsenador por Florida, ha sido nombrado simultáneamente secretario de Estado (cargo que ya tenía) y asesor de Seguridad Nacional bajo la administración del presidente Donald Trump.
Esta decisión marca la primera vez desde la era de Henry Kissinger en la década de 1970 que una sola persona ostenta ambos cargos, otorgándole a Rubio un control prácticamente absoluto sobre la diplomacia y la seguridad nacional del país.

Un regreso al estilo Kissinger
La última vez que un funcionario ocupó ambos puestos fue durante las presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford, cuando Henry Kissinger se convirtió en una figura central de la política exterior estadounidense. Ahora, Rubio sigue sus pasos, pero en un contexto global marcado por desafíos geopolíticos complejos y una polarización política interna sin precedentes.
El nombramiento de Rubio como secretario de Estado se produjo el 21 de enero, tras la reelección de Trump. Ahora después de, la destitución de Mike Waltz de la asesoría de Seguridad Nacional, posiblemente debido al escándalo relacionado con filtraciones de información clasificada, abrió la puerta para que Rubio asumiera también ese cargo de manera interina.
Además, Rubio ha sido designado como director de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y de la Administración Nacional de Archivos y Registros, lo que refuerza aún más su influencia en la toma de decisiones estratégicas.
¿Por qué Rubio?
Fuentes cercanas a la Casa Blanca señalan que la decisión de Trump responde a la confianza y lealtad que Rubio ha demostrado, así como a su capacidad para ejecutar la agenda presidencial en temas críticos como las relaciones con Rusia, la situación en Gaza, la contención de Irán y la competencia con China.
Rubio, conocido por su postura firme en política exterior y su habilidad para negociar en el Congreso, se perfila como el arquitecto principal de la estrategia internacional estadounidense en los próximos años.
La acumulación de poder en manos de una sola persona ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos analistas consideran que esta centralización puede agilizar la toma de decisiones y proyectar una imagen de fortaleza, otros advierten sobre los riesgos de limitar los contrapesos institucionales y reducir la diversidad de opiniones en la formulación de políticas.
El Congreso, por su parte, ha solicitado comparecencias de Rubio para detallar cómo garantizará la transparencia y la rendición de cuentas en el ejercicio de sus múltiples funciones.
Rubio asume este doble rol en un momento de alta tensión global, con conflictos activos en Europa del Este y Medio Oriente, y una competencia estratégica creciente con China. Su capacidad para coordinar la diplomacia, la seguridad y la cooperación internacional será puesta a prueba en los próximos meses.
¿Podrá Marco Rubio consolidar una nueva era en la política exterior estadounidense o enfrentará obstáculos insalvables debido a la concentración de poder? El mundo observa con atención.










