Una vez cerrada la fecha de la primera sesión de investidura por Mariano Rajoy, todo el empeño de Pedro Sánchez se basará en soportar la presión para no dar su brazo a torcer e impedir la formación de un Gobierno en minoría del PP. Rajoy cuenta inevitablemente con ello y se abre paso la tesis de que a una primera investidura fallida seguirá una segunda a finales de septiembre en la que pueda contar con el apoyo del PNV, Coalición Canaria, Ciudadanos por supuesto, y la incógnita del único diputado de Nueva Canarias, que es la única concesión que desde el grupo parlamentario socialista se consideraría admisible desde la dirección del PSOE. Así Sánchez dejaría a salvo su férreo compromiso de que ningún diputado socialista podría su aval a disposición de Rajoy.
Sin embargo, las ideas de Sánchez siguen derroteros distintos. En el análisis de dirigentes socialistas se percibe la repetición de elecciones como un mal menor que no necesariamente sería demoledor para el PSOE. Estos son los cinco argumentos que esgrimen:
El silencio de los barones
Sánchez está haciendo gala de una extrema autoridad interna en el partido frente a la debilidad que se le atribuye desde fuera de él. Sus réplicas a anteriores secretarios generales como Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero no han tenido contestación, y el «debate interno» que reclaman para sopesar una hipotética abstención favorable a Rajoy, ha sido conjurado por los hechos y la obstinación. González y Zapatero responden a parámetros de otras épocas políticas, y se les respeta. Pero con Sánchez es evidente que no influyen en la toma de decisiones, y su capacidad de articular alternativas de liderazgo parece cada vez más limitada. Ni siquiera los dirigentes territoriales más críticos con la actual dirección socialista han hecho amago este agosto de amplificar la conflictividad interna en el PSOE.
Sánchez está soportando estoicamente la presión tirando de galones y asumiendo personalmente la decisión, probable, de concurrir a terceras elecciones. «Que sean otros los que cedan», repiten sin cesar desde su entorno. Y además crece en el PSOE la percepción de que es Rajoy quien debe resolver el problema de su investidura con otros partidos porque lo contrario sería regalar argumentos a Podemos para erigirse en el Parlamento en la oposición real. Ese es el principal temor de Sánchez.
Sin Comité Federal ni congreso de sucesión
Sánchez juega además con los tiempos internos del PSOE. Difícilmente propondrá ninguna Federación socialista la celebración en próximas fechas de un Comité Federal para rectificar el «no» a Rajoy aprobado unánimemente. Tampoco agosto ha demostrado una especial beligerancia pública de las secretarías generales autonómicas para impulsar un congreso federal que ponga n marcha la sucesión de Pedro Sánchez. Además, el tiempo se agota, y salvo que se convoquen terceras elecciones y se abra un proceso in extremis de primarias para designar nuevo candidato, Sánchez seguirá contando con todos los avales para repetir. Su enrocamiento despista a algunos barones, pero no oponen la resistencia necesaria. No hay una unidad de criterio en el PSOE sobre cómo actuar, y en la confusión el único capaz de sacar rédito en términos de supervivencia sigue siendo Sánchez. De hecho, cuenta con seguir si no candidato porque los tiempos agotan cualquier otra opción.
Un fracaso de Rajoy beneficia al PSOE
Esta es una tesis extendida entre los socialistas. «Si a Rajoy le viene bien visualizar una imagen de aguante paciente, por qué no puede Sánchez imitarlo a su manera. Sus convicciones en este sentido son muy firmes», argumentan desde el PSOE. El fracaso del líder del PP en una primera sesión de investidura no tiene por qué ser perjudicial para el PSOE.
Nuestro no a Rajoy es un sí a la regeneración, al empleo digno y a la justicia social. Nuestro no a Rajoy es un sí al cambio.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) 20 de agosto de 2016
Lea nota completa en ABC