Tras criticar a Washington y mientras sigue en el aire la reanudación de las negociaciones para la desnuclearización, Pyonyang llevó a cabo su séptimo ensayo con misiles de corto alcance en el mar de Japón, en menos de un mes.
El Político
Este ensayo misilístico se ejecutó este sábado 24 de agosto, día en el que comenzó la cumbre del G7 en Francia y cuatro días después de que finalizaran las operaciones militares conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur, las mismas que Pyonyang había rechazado y criticado reiteradamente.
Ante el lanzamiento, Corea del Sur expresó su "fuerte preocupación" por la continuidad de los lanzamientos tras los ejercicios castrenses, y llamó a intensificar los esfuerzos diplomáticos para reconducir al país vecino a la mesa de negociaciones, en un comunicado.
Seúl cree que el Norte ha empleado todos estos ensayos para afinar una nueva variedad de proyectil balístico de corto alcance, mientras que Pionyang señaló sobre los tests previos que había probado "una lanzadera múltiple de cohetes teledirigidos" definida como "un nuevo tipo de arma táctica".
Kim Jong un acompañó su sucesión de pruebas armamentísticas con una retahíla de amenazas contra Seúl y Washington, en un aparente intento de exhibir su poderío militar y de reforzar su posición con respecto al reinicio de las negociaciones con Estados Unidos sobre el desarme nuclear.
El ministro norcoreano de Asuntos Exteriores, Ri Yong-ho, también manifestó contra la política estadounidense de sanciones y el secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo, en un comunicado difundido por la agencia estatal KCNA, este viernes 24 de agosto.
"Estamos listos tanto para el diálogo como para el enfrentamiento", dijo Ri, quien también expresó que el Norte seguirá siendo "la mayor ‘amenaza’ para EEUU" si se mantienen las sanciones y acusó a Pompeo de anteponer su "ambición política", en línea con anteriores ataques del régimen contra el jefe de la diplomacia estadounidense.
Estos comentarios fueron difundidos coincidiendo con el final del viaje a Seúl del enviado especial de Washington para el diálogo con Pionyang, Stephen Biegun, que tenía como objetivo tratar el reinicio de las conversaciones con el régimen.
Poco ha trascendido de la visita de Biegun, al margen de las especulaciones sobre la posibilidad de que el enviado estadounidense se reuniera en la frontera intercoreana con emisarios del Norte y de unas declaraciones en las que dijo que su equipo está listo para volver a hablar con Pionyang "tan pronto como tenga noticias" suyas.
Se esperaba que las negociaciones, en punto muerto desde la fallida cumbre de Hanói en febrero, se retomaran después de que los líderes de ambos países se comprometieran a reactivarlas en un improvisado encuentro en la frontera intercorana a finales de junio.
Los recientes gestos beligerantes del régimen contrastan con la comprensión mostrada por el presidente estadounidense, Donald Trump, y con su confianza en que pronto ambas partes reanudará los contactos.
Trump ha restado importancia a los ensayos de misiles norcoreanos, y a principios de mes afirmó haber recibido una carta personal de Kim Jong-un donde el dictador le ofrecía "una pequeña disculpa" por los tests y le transmitía su buena disposición a dialogar.
Fuente: Expansión